GRANDES
LINEAMIENTOS PROGRAMATICOS PARA EL GOBIERNO 2005 - 2010
PORQUE
ENTRE TODOS OTRO URUGUAY ES POSIBLE
APROBADO
POR EL IV CONGRESO EXTRAORDINARIO
DEL
FRENTE AMPLIO DEL 20 y 21.12.03
INTRODUCCION.
Desde
hace varias décadas se ha desarrollado un modelo de país una visión del mundo y
de la vida que ha concentrado recursos y poderes en unos pocos, en perjuicio de
los trabajadores, las capas medias, de los sectores más vulnerables de la
sociedad y aquellos relacionados con los diversos ámbitos de la producción
nacional. Se ha generado un verdadero y auténtico retroceso en el ejercicio
pleno de los derechos democráticos desde una visión integral de los mismos, y
de las perspectivas de las grandes mayorías. Se ha agotado una forma de
concebir al país.
Los
uruguayos y uruguayas, no podemos sufrir más frustraciones, tenemos la
oportunidad, la responsabilidad y la obligación de cambiar. Puestos hoy en el
supremo rol de decisores de nuestro futuro, no tenemos el derecho a
equivocarnos. Es demasiado grave la situación a la que nos ha llevado la
aplicación -sistemática e insensible- del modelo neoliberal, opuesto a la
historia, y las tradiciones democráticas y solidarias que han cimentado al
país.
Es
en el mismo umbral de tanto dolor, de tanta irracionalidad, que la sociedad
uruguaya se apresta a dar un nuevo sentido a su construcción colectiva,
encaminándose hacia el cambio tantas veces anhelado, dándole a las fuerzas
progresistas la oportunidad de conducir los destinos del país a fin de
recuperar mayores espacios de decisión y responsabilidad para las grandes
mayorías.
La
herencia estructural del neoliberalismo ha dejado a nuestro país con cientos de
miles de compatriotas en situación de pobreza, inequidad, emigración,
desempleo, concentración de la riqueza, desintegración social, anulando las
posibilidades del ejercicio pleno de la ciudadanía y desacreditando la
importancia de los valores éticos. Todo esto demanda la búsqueda de diversos
consensos y de las mejores propuestas que surgen del quehacer cotidiano, de las
luchas e iniciativas de miles de uruguayos y uruguayas, que procuran hacer
efectiva la vigencia real de todos los Derechos Humanos.
Nuestro
mensaje y nuestras propuestas intentan contribuir con la esperanza, convencidos
de que existen alternativas. Pero debe decirse con claridad: el Uruguay vive
hoy una de sus peores crisis desde su constitución como nación independiente.
La misma ha sido el resultado de los sucesivos gobiernos conservadores, plenos
de derroche, de soberbia e incapacidad de comprender las verdaderas necesidades
de las mayorías nacionales.
La
actual conmoción de la vida nacional se supera con un proyecto de amplios
acuerdos, capaz de movilizar a la mayoría social en torno a objetivos de
crecimiento, distribución, participación, acción
e integración social que permita la sustentación en el tiempo del nuevo
Uruguay propuesto. Este proyecto de cambio y transformación, que se haga cargo
de la actual emergencia, aceptando el desafío de gobernar teniendo en cuenta
las múltiples demandas del hoy pero al mismo tiempo planificando en el largo
plazo, y que vea al país, a su gente, a sus recursos como un todo. Asimismo es
fundamental que rescate el entusiasmo y los valores éticos (honradez,
transparencia, etc.), que nos convoque a la reconstrucción nacional desde una
perspectiva progresista, proceso que implica la reconstrucción del aparato
productivo, del entramado social y
de las relaciones de solidaridad, un proceso -en definitiva- de desarrollo de
la identidad nacional.
Por
eso convocamos a los grandes diálogos, por eso planteamos como herramienta
imprescindible el acuerdo social, consolidando un amplio bloque político social
alternativo que exprese a todos aquellos que son víctimas del actual modelo y a
todos los que estén dispuestos a coincidir en la oposición al neoliberalismo y
en la propuesta de reconstrucción productiva del país. Los acuerdos sociales
marcarán el estilo nuevo de gobierno, es la respuesta de la política, en clave
política, hacia una sociedad que necesita y debe ser escuchada. Es el
compromiso con el desarrollo de una ciudadanía nueva, activa, participativa y
responsable.
Debe
quedar claro que el Uruguay necesita un cambio real que sólo se alcanzará con
un proyecto que se proponga recuperar el sentido de nación a partir de una
posición de soberanía. De esta manera necesitamos recuperar para el Estado el
control de las áreas estratégicas, de modo de transformarlo en una herramienta
a favor de los intereses nacionales. Para fortalecer a la sociedad con la
descentralización del aparato estatal y para poner al servicio de la producción
y el empleo las palancas de desarrollo que posee. Todo en el sentido de servir
al país, dentro de los valores democráticos y republicanos.
Dos
modelos de país se han enfrentado durante décadas en el escenario político
nacional. La acumulación lograda por las fuerzas del cambio, de la izquierda y
el progreso, cimentadas en profundas convicciones nos han hecho llegar hasta
aquí. No fueron pocos los que pensaron que era posible hacer sucumbir a las
fuerzas de izquierda y sin embargo aquí estamos con nuestras reflexiones y
nuestras ganas de siempre; esta vez comenzando un nuevo milenio con la
posibilidad cierta de gobernar el cambio.
Hoy,
esta fuerza política tiene ante sí problemas nuevos, pero también nuevas
posibilidades, nuevos aprendizajes y viejos ideales para potenciar sus
propuestas. El presente material contiene:
1.
Contexto
internacional
2.
Contexto
nacional
3.
Ejes
Temáticos:
a.
Democratización
del Estado y la Sociedad
b.
País
Productivo
c.
Políticas
Sociales
d.
Inserción
Internacional
Nos
adentramos en los nudos y ejes que – en nuestra opinión- constituyen el
conjunto de propuestas que prefigura el Uruguay que vamos a construir.
Intenta
ser este un instrumento que potencie el pensamiento estratégico de todos los
uruguayos y uruguayas, para hacer políticamente creíble, viable y actual el
objetivo histórico de cambios presentes
en la sociedad uruguaya.
1.
CONTEXTO INTERNACIONAL
Los
cambios significativos operados en el mundo en los últimos años, nos ubican en
un escenario sustancialmente diferente al de décadas anteriores.
Vivimos
en un mundo marcado por la brecha cada vez mayor entre los países ricos y los
países pobres en los que se han profundizado las situaciones de injusticia y
pobreza. La globalización se manifiesta con un nivel superior de intercambio
comercial, financiero, productivo y tecnológico y en nuevas y más profundas
formas de relacionamiento y comunicación. Este proceso se ha caracterizado por
las políticas de apertura y liberalización en los países dependientes, que han
hecho posible una mayor inserción y expansión del capitalismo central. A nivel
económico, el mundo se ha convertido en la principal "unidad operativa" para el
capital financiero y las empresas transnacionales, produciendo cuantiosos
beneficios injustamente distribuidos. La globalización financiera y la falta de
regulación permiten voluminosos movimientos de capital especulativo en forma
instantánea, en desmedro de su aplicación hacia la producción y aumentando la
vulnerabilidad de nuestras economías nacionales. Asimismo en este contexto un
nuevo peligro se cierne sobre los derechos fundamentales de los pueblos. Se
pretende la construcción de un nuevo
orden económico en el cual se tiende a dejar en manos de burocracias técnicas
las decisiones sobre temas tan cruciales como el futuro de las comunicaciones,
los servicios de salud, educación, saneamiento, agua potable, calidad del
medioambiente, reglas de juego laborales, las patentes, derechos de autor y
tantos otros.
Ante
estas tensiones una postura consecuentemente progresista implica el
reforzamiento de la capacidad de los Estados Nacionales para decidir sobre los
asuntos públicos. Esto es, una posición que no se resigna a lo existente ni se
paraliza con simples lamentos ante los nuevos desafíos,
sino que aporta a la construcción de una sociedad mundial sustentada por
valores humanitarios, de solidaridad, democracia y justicia social; a la vez
que respetuosa de la diversidad cultural, de las distintas civilizaciones y de
los equilibrios medioambientales.
En
los comienzos del siglo XXI, dentro del bloque imperialista,
Estados Unidos ejerce un poder político militar unipolar que le permite
un creciente intervencionismo en diversas partes del mundo, desnudando sus
intenciones de dominación y hegemonía a escala mundial, y que se ha puesto de
manifiesto en la violación de las resoluciones de las Naciones Unidas;
recurriendo al uso de la fuerza y emprendiendo una escalada bélica, acompañado
vergonzosamente por las añoranzas imperialistas de sus aliados europeos. Para
nosotros como para el conjunto de la comunidad mundial no son de recibo los
argumentos esgrimidos, que intentan vincular esta escalada con el terrorismo.
Prácticas estas -las terroristas- que nuestra fuerza política rechaza y condena
en todas sus manifestaciones.
Ante
ello nos sumamos a la lucha por un nuevo orden internacional más justo y
solidario, reafirmando nuestra clara postura antiimperialista
La
dinámica contra-hegemónica está lanzada. En todo el mundo los movimientos
antineoliberales han crecido en fuerza y en la riqueza de sus propuestas: la
reactivación del debate sobre proyectos alternativos con dimensión global, la
renovada importancia que han tomado grupos como los que analizan el tema del
endeudamiento externo, verdadero freno para el desarrollo de nuestros
pueblos. Las múltiples jornadas del Foro Social Mundial de Porto Alegre, se han
visto reforzadas con la multitud. Gente de las más diversas procedencias
sociales ha protagonizado en las calles del mundo un formidable espectáculo
de lucha por la paz y el
respeto a la diversidad, en un ejemplo contundente de ciudadanía a escala
planetaria.
Se
ha comprendido que está en juego la idea misma de una comunidad verdaderamente
mundial de gente trabajando junta, en paz, con responsabilidades compartidas,
para un futuro compartido. El espiral imperial cierra el camino a esta
perspectiva.
Mientras
tanto, en nuestro continente se aprecian claros cambios de rumbo, desplazando a
los sectores responsables de la aplicación obsecuente del modelo imperante
hasta hace solo un tiempo atrás. Han sido los pueblos latinoamericanos, que
sufrieron en carne propia los protagonistas que están generando diversas
alternativas.
Deberemos
enfrentar este mundo de bloques con un relacionamiento basado en la cooperación
y en la unidad de América Latina, que permita un relacionamiento de nuevo tipo
con los organismos financieros internacionales como el FMI, las transnacionales
y con la potencia hegemónica. Un cambio de relación, con una mayor paridad y
sin condicionamientos ni intervencionismo. El bloqueo a Cuba es un claro
ejemplo del modo de relación entre las naciones que no compartimos y que
rechazamos, en tanto supone la intromisión en los asuntos internos de un país
hermano que vulnera su soberanía y compromete la seguridad e independencia del
conjunto del continente.
En consecuencia, el próximo gobierno del EP-FA y sus aliados, restablecerá de
inmediato las relaciones diplomáticas y de cooperación con el gobierno y el
hermano pueblo de Cuba
Es
por ello que nosotros, como Frente Amplio, en tanto fundadores en 1990 del Foro
de Sao Paulo y miembro de su Grupo de Trabajo, reivindicamos su vigencia como
ámbito de confluencia, reflexión y elaboración de una estrategia
antineoliberal por parte de la izquierda latinoamericana y caribeña.
En
víspera de asumir el desafío histórico de la transformación progresista,
nuestra atención a los fenómenos presentes -a escala mundial y regional- adopta
una relevancia trascendental; no para someternos a ellos, sino para definir
nuestros objetivos y trazar las políticas necesarias para construir nuestro
lugar como país en la región y en el mundo.
En
esta perspectiva y en este contexto plagado de amenazas e incertidumbres las
apuestas del país deben pasar por la región y el fortalecimiento del proyecto
MERCOSUR.
Los
dos principales socios del bloque se han encaminado decididamente en este
sentido.
Argentina
–paradigma a nivel mundial de la aplicación más dura y fundamentalista del
neoliberalismo y la expresión más cabal del modelo-
hizo colapsar su economía, sus redes sociales y su propia
institucionalidad, pero las elecciones de mayo del 2003 han significado una
opción diferente por parte del pueblo argentino en una apuesta a la esperanza y
el cambio.
Brasil
con la presidencia de LULA marca la llegada de un gobierno de izquierda, en
alianza con otros sectores políticos.
Planteando con claridad que el cambio -además de necesario- es posible. Nuestro
vecino dialoga con el mundo desde los intereses de su nación y de la región sin
prejuicios ni rigidez. El Presidente Lula le ha dado visibilidad
a su vocación estratégica para con el MERCOSUR.
Nosotros
debemos actuar para la consolidación y fortalecimiento del MERCOSUR desde una
perspectiva más amplia que incluya los aspectos sociales, políticos y
culturales de los países miembros, promoviendo un relacionamiento que nos ponga
en camino de la dinamización y de la más plena integración de toda América
Latina, conforme con nuestra vocación latinoamericanista, no solo en espacios
institucionalizados de relacionamiento entre gobiernos, sino entre fuerzas
políticas como por ejemplo el Foro de San
Pablo.
Esto
no descarta otros escenarios y ámbitos de trabajo simultáneos y compatibles que
nos permitan ampliar las relaciones bilaterales con naciones y bloques a
efectos de promover iniciativas comunes en los organismos multilaterales, y
profundizar las relaciones políticas, comerciales, ambientales y culturales.
Nuestro
país debe sumar su voz y sus esfuerzos al conjunto de países con quienes
comparte visiones para defender sus intereses en el contexto de los organismos
multilaterales de comercio y de crédito.
El
Uruguay deberá profundizar la senda de aquellos postulados y acciones que en
materia de sus relaciones internacionales, le valieron el reconocimiento
internacional, basados en los principios de la defensa de la soberanía
nacional, el respeto a la autodeterminación y la no-intervención. En ese
sentido expresará su solidaridad con las naciones y pueblos que luchan contra
la opresión y por la vigencia plena de las libertades y los valores
democráticos.
2.
EL CONTEXTO NACIONAL
Los
esfuerzos de nuestra fuerza política están orientados en la construcción de una
sociedad mejor, más justa y solidaria. Pero este empeño, que expresa la
inalterable voluntad de progreso de los uruguayos y uruguayas, se enfrenta al
desafío de superar el obstáculo y la resistencia que configuran la conjunción
de intereses de sectores que concentran el capital financiero internacional,
poderosas corporaciones empresariales funcionales al imperialismo y sus socios
internos que conforman el actual bloque de poder.
Esta
verdadera oligarquía dominante cuyos intereses contradicen los de la mayoría de
la nación, está conduciendo los destinos del país y ha llevado a los orientales
a vivir situaciones de marginación y pobreza nunca antes vistos en nuestra
patria. El bloque dominante es cada vez menos numeroso, pero cada vez más
poderoso dejando de lado a sectores que la integraban y a otros que estaban
asociados a ella, en un proceso de concentración del poder y la riqueza
nacional.
De
allí que nuestro país atraviese una profunda crisis económica y social,
caracterizada por la fragmentación social, el aumento de la marginalidad y el
descenso abrupto de todos los indicadores que componen la calidad de vida; que
ha acelerado la destrucción del aparato productivo, la pérdida de capital
humano, centralización del capital y la precarización del trabajo, impactos
negativos que condicionan el futuro de nuestro país.
Esta
situación está asociada a un modelo de exagerada e indiscriminada apertura
comercial y financiera, que viene procesándose en nuestro país desde la década
de los ’70 y que se ha acentuado notablemente en los ‘90, a modo de respuesta a
la crisis estructural del sistema. Fue una respuesta dogmática de los sectores
hegemónicos de la clase dominante a sus problemas, no a los de la mayoría de la
población, los cuales se han ido agravando progresivamente y se ha extendido a
sectores socio-económicos históricamente vinculados al poder.
En
nuestro país esta respuesta se plasmó en el modelo de plaza financiera, que
introdujo un fuerte componente especulativo y la prioridad de los equilibrios
financieros en desmedro de los productivos. Al mismo tiempo marcó una
importante diferencia con respecto a las anteriores décadas, ya que la falta de
crédito externo dejó de ser una restricción de primer orden.
Sin
condiciones y sin preparación previa, se obligó al país a competir con el
exterior en franca desventaja. Con tal política se propendió al
desmantelamiento del aparato productivo y las empresas estatales y se hipotecó
el mercado interno. Nada se hizo para que la mayor disponibilidad de recursos
financieros del exterior se utilizase en inversiones productivas que hubieran
mejorado la situación competitiva del país.
Por
el contrario, se dedicaron a financiar el costo en divisas resultante de un
consumismo de bienes importados, a cubrir los déficits emergentes de la falta
de competitividad y a constituir reservas que no aportaron a la producción y, a
la hora de la verdad, resultaron efímeras.
El
modelo se ha agotado en su propia lógica. Los socios de esta propuesta ni
siquiera tienen hoy alternativas para plantearle a la gente. El descrédito
alcanza también a la forma de concebir la política que han aplicado el Partido
Colorado y el Partido Nacional, quienes, apelando a sus afinidades ideológicas,
y constituidos en gobiernos de coalición, contaron con las mayorías
parlamentarias para aplicar su política, sin otro obstáculo que la resistencia
ciudadana que concitó. Una y otra
vez el pueblo uruguayo se ha organizado para defender el patrimonio nacional,
así como también demostrar su desconfianza creciente en la coalición
gobernante. La gente ha dejado constancia que las reformas deben ser llevadas
adelante con solidez y garantías, preservando el patrimonio de nuestro pueblo
como eje fundamental del desarrollo del país.
La
reforma constitucional (aprobada en 1996) se presentó ante la ciudadanía como
un instrumento para allanar los diferentes problemas que afectaban al país.
Estos – sin embargo - se profundizaron. Y así como fracasó la reforma política,
también fracasaron las reformas de la seguridad social, de la educación y del
Estado que se introdujeron de la mano de la concepción neoliberal.
En
este proceso se profundizó la dependencia externa del país, generando una deuda
pública equivalente al 100% del PBI cuyo pago de amortizaciones e intereses
estará condicionando la vida de los y las uruguayas. El gobierno del Dr. Batlle
ha mantenido terca y dogmáticamente la misma política.
No
hay un reconocimiento del fracaso ni se convoca a un verdadero diálogo nacional
para diseñar políticas de estado. El país padece la ausencia de políticas y
sufre acentuados vaivenes, como los que se observan en la política exterior:
hoy entusiastas del ALCA impulsado por la administración Bush, mañana contestes
en el MERCOSUR.
Fueron
flagrantemente incumplidas las promesas electorales, ya que en vez de bajar
impuestos, fueron aumentados; en vez de reducir el déficit fiscal, este se
acrecentó; en vez de contener el endeudamiento externo se lo aumentó a niveles
de insustentabilidad; en vez de mantener una situación ordenada en el mercado
cambiario, se perdió el control, creciendo al doble las cotizaciones y en vez
de ser garante de un mercado financiero sólido, se actuó con irresponsabilidad
y frivolidad, haciendo ostentación que se aplicaba hasta el último dólar de
reservas para sostener lo que fue el vaciamiento bancario y la fuga de
capitales. Y así el país tuvo la mayor debacle bancaria de la historia.
El
gobierno se ve desbordado, la corrupción ha quedado al descubierto.
Los
uruguayos y uruguayas, ya estamos acostumbrados a ver como se componen las
coaliciones blanqui – coloradas: fundadas mucho más sobre la base de repartos
de cargos (inclusive creando Ministerios) que en la defensa de los intereses de
la nación. Cómo siempre aquellos que se apartan del gobierno (ante las
contiendas electorales), “ofertan”
un sinfín de propuestas demagógicas plasmando en el discurso aquello que
durante el gobierno de la coalición, no llevaron adelante.
Es
así que, se ha configurado una emergencia económica y social, a la cual nuestra
fuerza política responde señalando responsabilidades y, al mismo tiempo
proponiendo soluciones para aliviar las condiciones sociales más críticas y
establecer desde ya las bases de la nueva economía, la del Uruguay productivo.
En
este contexto de crisis, muchos ciudadanos y ciudadanas han asumido y promueven
cotidianamente valores como la solidaridad, la colaboración, la profundización
y la generación de nuevas redes de apoyo y asistencia. Las mismas se
caracterizan por la valoración significativa del aporte de cada uno de los
habitantes en las más diversas tareas. Nuestra gente ha asumido un creciente y
valorable protagonismo, coincidente con los principios que nuestra fuerza
política ha promovido desde siempre en lo concerniente a la participación como
elemento fundamental del ejercicio pleno de la ciudadanía.
Los
indicadores disponibles son elocuentes, no sólo de la profundidad de la crisis
en que se ha sumido al país, sino también respecto del gran esfuerzo que será
necesario hacer para poder superar situación tan crítica. No obstante, nuestra
fuerza política acepta el desafío, porque confía en las condiciones de este
país, especialmente de su gente. Eso sí, habrá que apoyarse firmemente en el
nuevo contexto regional, en el que se vislumbra soluciones si el país es capaz
de negociarlas bien.
A
diferencia del período anterior en que se priorizó el silencio, reconocemos el
aporte de la Comisión Para la Paz en el esclarecimiento de muchas de las
gravísimas violaciones de los Derechos Humanos ocurridas durante la dictadura.
Este trabajo aporta a conocer más sobre el destino de los detenidos –
desaparecidos, y en él se reconoce oficialmente la tortura y el terrorismo de
Estado. En este mismo sentido, señalamos que la impunidad por los delitos
cometidos también ha dejado de estar en el silencio. Para nosotros, el trabajo
por el esclarecimiento de este período nefasto de nuestra historia implica la
búsqueda de la plena vigencia de los Derechos Humanos, para lo que se deben
utilizar todos los instrumentos constitucionales y legales, así como los
establecidos por el Derecho Internacional, que aportan en su esencia a
fortalecer la democracia y la convivencia democrática entre todos los
habitantes de nuestra nación.
Para
nuestra fuerza política es un compromiso con la ciudadanía enfrentar la
creciente desintegración y exclusión social, potenciar el aparato productivo y
generar herramientas que fortalezcan el trabajo como fuente de reactivación y
desarrollo del país.
3.
Ejes Temáticos
-
Democratización de la Sociedad y el Estado
Resulta
necesario democratizar la Sociedad y el Estado, tarea que se debe asumir por
ambos en forma conjunta, sin la menor demora. Dada su trascendencia
implica enmarcarla en el proyecto de nueva sociedad que estamos buscando.
El
impulso, esencialmente democratizador, que promovemos como fuerza política
tendrá como caracterización esencial un rescate claro y expreso de la
solidaridad y una nueva ética, desde nuestros principios progresistas,
orientada a la superación de todos aquellos valores derivados de la sociedad de
consumo y la globalización.
En
esta etapa el Estado deberá asumir, sin dudas, el liderazgo del desarrollo
haciendo efectivo un concepto del cual nuestra fuerza política ha tomado
conciencia tempranamente: el de la estrecha vinculación entre reformar el
Estado y democratizar la Sociedad.
En
nuestro país, con el retorno a la democracia, los sucesivos intentos
reformistas de corte neoliberal de los partidos tradicionales tienen como
mentores y/o coordinadores a los organismos financieros internacionales y
buscan demonizar al Estado, no para destruirlo, sino para transformarlo en un
instrumento funcional a la estrategia global neoliberal. La resistencia
popular, cuya máxima expresión fue el resultado del plebiscito de 1992, impidió
en esa coyuntura que lograran su objetivo; más allá de que persisten con sus
claras intenciones de desmantelar el Estado bajo las más diversas formas e
iniciativas. Conforme a derecho,
el gobierno progresista procederá a examinar la legitimidad de las operaciones
realizadas, a aplicar el más estricto control del cumplimiento de obligaciones
y, caso a caso, a la eventual adecuación contractual posible, en aquellas áreas
prioritarias en el marco de una estrategia de transformaciones orientadas a la
salvaguarda del auténtico interés nacional.
Es
necesario más que nunca pensar y desarrollar alternativas, que traten de
responder a la doble cuestión ¿qué estado queremos y como lo alcanzamos?
Debemos
transformar al Estado en una poderosa palanca del desarrollo nacional, a la vez
que creador de las condiciones para que éste beneficie al conjunto de la
sociedad. El Estado contribuirá a resolver las
cada vez más grandes desigualdades sociales existentes en el país y tendrá una
presencia activa y directa en las áreas estratégicas de la economía,
desarrollando firmemente su función de articulación y su rol regulador.
Las
empresas estatales deberán ser fortalecidas buscando mayor eficacia y
eficiencia y competitividad que las consolide como pilares del desarrollo y la
soberanía del país, integradas al Plan de Desarrollo Económico, estableciendo
mecanismos de fomento de la investigación en el marco del sistema nacional de
innovación.
Con
una conciencia plena del bien común
de la humanidad bregamos por el desarrollo de un espacio ambiental seguro y
soberano que posibilite y promueva un Uruguay natural de producción
sustentable.
El
territorio, con sus recursos naturales y construidos a través de generaciones,
es un bien común, único e irreproducible en cada una de sus porciones, e
indispensable para el desarrollo de la vida.
La
ordenación del territorio para su potenciación sustentable y sostenible de los
recursos y para el mejor desenvolvimiento económico, social y cultural es un
deber ineludible de las sociedades democráticas, ya que en su ejercicio se
sustenta el futuro de los recursos naturales y creados que disponemos en el
país.
Por
ello, asumiremos la ordenación del territorio como un cometido esencial y
sustantivo del Estado.
El
gobierno del Encuentro Progresista - Frente Amplio emprenderá las tareas de
protección y mejoramiento del ambiente con la finalidad de defender la vida en
todas sus formas y buscar las condiciones que permitan una mejora sostenida de
la calidad de vida de la población en armonía con el entorno.
Para
el cumplimiento de estos objetivos, se debe encarar un amplio plan de mejora de
gestión. Esto implica necesariamente una inversión en recursos tanto humanos
como tecnológicos, lo que se hará de acuerdo a los medios disponibles.
Se
estimulará la democratización de los medios de comunicación y de la
información, tanto públicos como privados, su utilización al servicio de la
comunidad, la divulgación artística, deportiva, científica y técnica, la
promoción de los valores nacionales, y la expresión de los diversos sectores
sociales y políticos del país. No hay desarrollo real, ni integración nacional
sin herramientas adecuadas. La instrumentación de políticas, que nos permitan
acceder a los medios de comunicación, es
una necesidad. Hoy no tenemos libertad de prensa, hay libertad de empresa. El
cuarto poder fue arrasado y pisoteado por las asociaciones de medios de
comunicación. No tenemos legislación adecuada que permita el uso racional y
acceso de las corrientes de expresión, por lo que se hace imprescindible el
retiro de control de los medios de la órbita del Ministerio de Defensa. Se hace
necesario promover una ley que regule definitivamente el funcionamiento de los
medios electrónicos de comunicación, para que los uruguayos y las uruguayas
puedan tener las mismas posibilidades de acceso y uso de los medios
democráticamente.
La
justicia es un principio fundamental, y es deber de todo gobierno democrático
el garantizar su vigencia y los caminos para su aplicación.
A
diferencia de gobiernos anteriores, el gobierno progresista deberá agotar los
medios para el pleno cumplimiento de lo establecido en el art. 4º de la Ley de
Impunidad, que expresamente obliga al esclarecimiento de las desapariciones.
Comprometido con la verdad y la justicia -principios por los que el conjunto de
nuestro pueblo ha bregado incansablemente- en relación con los crímenes de lesa
humanidad cometidos antes y durante la dictadura,
hará todos los esfuerzos que estén a su alcance para lograr el
cumplimiento de dichos principios, en cumplimiento de la Constitución y la Ley.
El gobierno progresista reafirma la posición clara que las normas de tratado
internacionales sobre derechos humanos, tienen igual valor que las leyes
nacionales. Al respecto se promoverá la adecuación de la legislación interna a
los tratados internacionales ratificados por el país. Mientras esto no se haya
producido, debe quedar claro que no se obstaculizará de ninguna forma la acción
del poder judicial como han hecho los últimos gobiernos de los partidos
tradicionales, sino que por el contrario, se asegurarán todas sus potestades
constitucionales.
En
el Uruguay de hoy las consecuencias políticas, económicas, sociales, culturales
del período de la dictadura y del autoritarismo que la precedió, en la que la
violación de los derechos fue extremadamente grave, no han podido ser
totalmente superadas a pesar del tiempo transcurrido.
El
terrorismo de Estado fue condenado enfáticamente por las fuerzas democráticas y
progresistas y este principio encarnará la política nacional e internacional
del nuevo gobierno.
Asumimos
el rescate de la memoria histórica de las luchas populares y sus protagonistas,
como parte esencial de la identidad de nuestro pueblo, de su pasado, su
presente y su futuro.
La
seguridad ciudadana es un derecho humano, aunque se ha convertido en un
problema nacional. Sin perjuicio de entender que el delito tiene múltiples
causas, el Estado no puede eludir el arbitrar soluciones teniendo en cuenta que
éstas dependen de la capacidad para concertar acciones con la sociedad y del
éxito de las políticas que aseguren crecientes grados de integración social.
Se
promoverá una policía profesional dignificando la función policial, reafirmando
su papel de auxiliar de la Justicia.
La
vigencia y consolidación del sistema político e institucional de la democracia
uruguaya es un elemento sustancial para el proyecto progresista. En él deben
confluir simultáneamente la libertad, la justicia y la participación efectiva
de la población.
Hasta
el momento, las reformas se desarrollan sobre la base de una extensa brecha
entre, por un lado, expertos y políticos, y por otro lado, los ciudadanos.
Predominan las propuestas reformistas de gabinete sin legitimidad social, en
manos de cúpulas de políticos y expertos encargados de formular e implementar
las reformas alejadas de la participación ciudadana. En ese sentido, creemos
que es necesario plantear que la transformación del Estado deberá ser parte del
proceso de avance hacia una
democracia auténtica, con mejoras radicales en la transparencia y permeabilidad
de las decisiones, la construcción de herramientas estatales destinadas a
reforzar el control horizontal, y la participación ciudadana amplia y genuina
en las decisiones y el control de lo que se hace.
Porque
tenemos una estrategia
de cambios profundos, necesitamos del poder político acorazado de legitimidad
social para llevarla a cabo. Esto requiere profundizar las reformas
institucionales en el sistema de gobierno, en dirección de una mayor
participación de la sociedad toda.
Esta
participación de la ciudadanía será una garantía más de la transparencia de la
gestión administrativa, en la que comprometemos el combate frontal de la
corrupción en todas sus formas y la adecuación de la legislación en lo relativo
a las conductas corruptas y los delitos económicos.
Es
necesario definir a nivel público una política salarial que opere como un
verdadero estímulo tanto para el mejoramiento permanente de los funcionarios
así como la retención de los más calificados, donde la productividad y el
rendimiento sean adecuadamente valorados, atendiéndose especialmente la
situación de los sectores de salario sumergido. Se deberá asimismo tender a
poner en práctica el principio "a igual tarea, igual remuneración". Para
nuestra fuerza política resulta evidente que existen algunas áreas en las que
no podrá haber una sustancial mejora de la gestión pública sin una concomitante
mejora de las retribuciones de los funcionarios. Sin embargo, el incremento de
los niveles de remuneración no asegura por sí solo la mejora de la gestión,
hecho comprobado en las experiencias ya vividas, por lo cual la administración
progresista deberá enfrentar las prácticas negativas instaladas a través
de ciertas culturas institucionales adquiridos en largos años de falta de
motivación y control adecuado para dignificar la figura del servidor público. A
la vez que promover a todos los emergentes del cambio que conviven atrapados y
subsumidos en las estructuras burocráticas conservadoras.
En
el plano de los funcionarios, se deberán mantener los criterios históricos del
Encuentro Progresista - Frente Amplio para el ingreso a la función pública -el
concurso o el sorteo en su caso-, verdadera salvaguarda democrática para la
ciudadanía en su conjunto.
Al
mismo tiempo resulta necesario promover un mayor equilibrio entre los tres
poderes del Estado, en particular atendiendo la situación del Poder Judicial,
cuya efectiva autonomía económica debe ser asegurada. Asimismo se garantizará
la independencia técnica y la dotación de recursos humanos y materiales
adecuados para la labor de este poder y del Tribunal de lo Contencioso
Administrativo, la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas.
Es
nuestro compromiso estudiar cambios en la estructura o en la forma de
funcionamiento de la Suprema Corte de Justicia y el Tribunal de lo Contencioso
Administrativo, sobre la base del más estricto respeto a su independencia
técnica.
Se
harán transformaciones en los Ministerios para hacerlos más ágiles y eficaces
en la atención de las necesidades y demandas sociales. Teniendo especial
atención en la relación con los Gobiernos Departamentales, que se han mostrado
como uno de los instrumentos de
gestión más directamente vinculados con la realidad cotidiana. Por ello se
favorecerá la coordinación, complementación y ejecución de Programas y
Proyectos en forma compartida. Se propenderá a generar espacios y condiciones
para el surgimiento y desarrollo de los Gobiernos Locales a través de la
desconcentración y descentralización.
La
democratización del Estado implica reestructurar el relacionamiento con los
ciudadanos en general, principalmente de los sectores con mayores carencias,
acercando las estructuras
estatales que están directamente vinculadas a la solución de sus problemas. Un
Estado sensible a los intereses de las grandes mayorías nacionales, que sepa
escuchar y que sea eficaz en el diseño y la ejecución oportuna de políticas
adecuadas. Apoyándonos en la experiencia de descentralización llevada a cabo en
el Gobierno Municipal de Montevideo, se pondrá en práctica sin demoras
modalidades de cogestión o de participación en la tarea del Estado en las áreas
donde ésta sea posible. Queremos un ciudadano protagonista y responsable de la
gestión de este Estado que propugnamos. Este diálogo es el que permitirá
llegar, entonces, al diseño de Estado que queremos.
Se
promoverá la descentralización en el plano político y administrativo con el
objeto de estimular la participación ciudadana en todas las etapas de la
gestión pública tanto en las ciudades como en las localidades y zonas rurales.
Esta participación comprende la iniciativa, la puesta en práctica de las
políticas a ejecutar y el contralor de la acción estatal en todos sus niveles.
Democratizar
el Estado es devolver al Parlamento su carácter de foro crítico. Es necesario
redefinir la democracia uruguaya como realización del paradigma representativo
y de la participación popular.
Una
reforma del Estado eficaz sólo se logra si es legitimada por la ciudadanía, y
el gobierno y su elenco son capaces de conjugar el sentido de la conducción,
con las capacidades técnicas presentes en la sociedad.
El
Encuentro Progresista-Frente Amplio se compromete a proveer los cargos de
dirección en su gobierno, con ciudadanos y ciudadanas calificados para la
tarea, rompiendo el esquema del "premio consuelo" para los fracasados
electorales y el reparto de cargos según lealtades políticas. Se compromete a
estudiar la posibilidad de legislar para que los plazos de permanencia en
ciertos cargos no se correspondan con los tiempos políticos, y a establecer
impedimentos para las candidaturas de quienes los ocupen, evitando de este modo
la desviación común en que recaen los políticos tradicionales, que suelen
transformar la gestión en un trampolín de lanzamiento personal electoral.
La
reforma del Estado deberá estar asociada directamente a un avance general de la
democracia, gobernando con la gente, no sólo convocándola para crear consenso
sino abriendo las puertas a las tareas de control y toma de decisiones. Será un
objetivo que perseguiremos como una obsesión porque estamos convencidos que
somos una fuerza política que tiene otra forma de hacer política.
Para
que pueda cumplir adecuadamente con sus cometidos, el Estado deberá
transformarse, a efectos de actuar con la máxima eficiencia que sea posible. Va
implícito que esa transformación deberá incluir la erradicación de prácticas
clientelistas y de cualquier forma de corrupción, de fraude y de abuso de
funciones. Propiciaremos cambios en la estructura del gasto público e
introduciremos verdaderas reformas en la educación, en la seguridad social y en
la Administración Central.
La
gestación de un bloque político social alternativo se debe constituir en el
sustento básico de esta estrategia democratizadora.
Para
llevar a cabo esta reforma se ubicará como actor central de este debate al
Parlamento Nacional, dada su representatividad y diversidad; como ámbito de
generación de los consensos necesarios e instrumento insoslayable para dirimir
las tensiones que se presenten.
En
el Estado uruguayo existen además organismos y entidades -por ejemplo el Banco
de la República, el Hipotecario, el de Seguros y el Central, la Oficina de
Planeamiento y Presupuesto, el Sodre, el Instituto Nacional de Colonización,
la Corporación Nacional para el Desarrollo y otros- que orientados
adecuadamente se transformarán en poderosas herramientas de cambio.
Se
dispondrá el fortalecimiento de la Oficina Nacional de Servicio Civil como
instrumento de planificación de la función publica.
La
construcción del Estado, sólo puede tener coherencia si desde el diseño de las
políticas y programas existe una unidad conceptual, metodológica, técnica y de
procedimiento. La búsqueda de soluciones a las contradicciones naturales entre
intereses diferentes supone la generación de ámbitos adecuados de negociación,
tal como el Acuerdo Social. Estas instancias deben preceder, en la medida de lo
posible, a la toma de decisiones, permitiendo así el desarrollo de la
coherencia en el ejercicio del gobierno. La participación de los diferentes
actores sociales en el proceso de búsqueda de acuerdos, asegura el
involucramiento activo de
la ciudadanía en la toma de decisiones.
La
coherencia política que el EP-FA impulsa, resulta del ajuste institucional de
los actores gubernamentales a la política de gobierno en el cumplimiento del
programa expuesto ante la ciudadanía. Coherencia política y búsqueda de
acuerdos constituirán el fundamento de una estrategia destinada a desatar los
nudos problemáticos presentes hoy en el Estado uruguayo y que este proceso se
plantea superar.
b.
País Productivo
Es
objetivo prioritario del EP-FA poner la economía al servicio del ser humano,
dejando atrás aquella concepción economicista que concibe a las personas como
meros agentes económicos, con olvido de su dimensión integral y trascendente.
Por
lo tanto, en nuestra concepción, la condición indispensable de cualquier modelo
de país es que tenga como centro la generación de empleo genuino para todos sus
habitantes.
El
sector agropecuario, pilar histórico de nuestro país, genera los alimentos para
el consumo interno y la exportación, así como buena parte de las materias
primas que procesa la industria nacional, tanto para el mercado interno como
externo.
Entendemos
que la producción agropecuaria y su industrialización son de carácter
estratégico para el país en su conjunto. En este sentido, es responsabilidad
del sector público generar una política de desarrollo que armonice estos
objetivos.
Asimismo,
es nuestra profunda convicción, que para alcanzar ese objetivo será necesario
una organización de la economía que atienda simultáneamente el crecimiento de
la producción, la redistribución del ingreso y la estabilidad en las relaciones
económicas y sociales.
Comprometemos
todos nuestros esfuerzos para que este proyecto progresista tenga las
siguientes características distintivas:
Se
centre en el trabajo nacional.
La fuerza de trabajo como el factor originario de la producción es lo que pone
en funcionamiento las herramientas, las maquinarias y el saber para transformar
insumos y materias primas en los bienes y servicios que constituyen la riqueza
de un país. Será reconocida socialmente en el empleo y en una remuneración
acorde al esfuerzo, especialización y conocimientos aplicados. Por lo tanto un
objetivo central será la creación de fuentes de trabajo.
Logre
un mayor aprovechamiento de los recursos.
Pretendemos que el funcionamiento económico obtenga el mayor aprovechamiento
posible de los recursos humanos, materiales, naturales, tecnológicos y
financieros del país, lo que significa evitar su subutilización. Esto es
particularmente importante en lo referente a la utilización de la tierra, cuya
forma de tenencia y explotación deberá guardar coherencia con los
objetivos del proyecto. Se garantizará un uso de la tierra como bien social, ya
que es patrimonio de todos los uruguayos. Entendemos que la producción
agropecuaria y su industrialización son de carácter estratégico para el país en
su conjunto.
La
transformación de la Estructura Agraria del País constituye un pilar
fundamental del nuevo modelo y logrará un desarrollo sustentable si garantiza
la seguridad alimentaria de toda la población, preserva los recursos naturales
y logra que “los mas infelices sean los privilegiados”
Se
propone en tal sentido la redistribución de la tierra, para lo cual, impedir la
extranjerización y concentración es una condición necesaria. Para ello se
derogará la ley que habilita la propiedad y explotación de la tierra a Soc
Anónimas, siguiendo el legado Artiguista del Reglamento Provisional para el
Fomento de la Campaña.
Promueva
la integración productiva.
Asimismo pretendemos que el país tenga un proceso productivo integrado, donde
la potenciación con el trabajo nacional de los recursos ambientales y
materiales, en particular la riqueza y diversidad del sector primario
(ganadería, agricultura, pesca y minería) sumado al aporte de recursos
captables del exterior, sea una base sólida para el desarrollo de la industria
y del resto de las actividades. Especial atención se le otorgará
a la actividad turística y a las actividades vinculadas a la tecnología de la
información.
Desarrolle
niveles de producción adecuado a las necesidades del país y de su gente.
Tendremos como meta que dicho nivel permita:
-
Ser la principal
fuente de oferta para satisfacer las necesidades de consumo de la población,
acordes con un nivel de vida digno y satisfacer las necesidades de insumos de
origen nacional para la producción,
-
Obtener excedentes
exportables capaces de financiar la importación de otros bienes de consumo
final, otros insumos para la producción y otros bienes de inversión.
-
Destinar una parte
creciente de la nueva riqueza a la inversión productiva en los diversos
sectores de la actividad económica.
Agregue
el máximo valor posible a la producción nacional y lo haga valer comercialmente.
Para lo cual será clave destinar recursos y diseñar políticas para la educación
en general, y para la investigación científica y tecnológica, en particular.
Las políticas industrial y comercial del país tendrán por norte romper los
círculos viciosos dados por la división internacional del trabajo, la
dependencia científica y tecnológica, así como desprenderse de la dependencia
comercial de las grandes corporaciones internacionales. Propulsar la mejor
adaptación y articulación de la producción agroindustrial nacional y los bienes
de exportación del país con los mercados internacionales. En definitiva, la
industrialización debe ser uno de los objetivos centrales del país productivo
por su contribución a la agregación de valor, la generación de empleo genuino,
la incorporación de tecnología y canalización de excedentes hacia el exterior.
Genere
producción competitiva.
Es decir, de cantidad, calidad, precio, oportunidad y máxima diferenciación
posible, tal que hagan factible su fluida exportación y presente ventajas para
enfrentar normalmente la competencia de productos elaborados en el exterior.
Dicha competitividad deberá estar vinculada a la productividad en el manejo de
los recursos, al desarrollo de las capacidades de la fuerza de trabajo, a las
ventajas naturales y al aporte de la infraestructura básica del país, así como
a un sistema adecuado de protección económica. Dentro de este marco,
consideramos que una diferenciación posible es desarrollar el alto contenido
natural en ciertos tipos de productos.
Promueva
desarrollo autónomo.
En relación a este
concepto bregaremos para:
-
Que el motor para el
dinamismo económico esté radicada en el funcionamiento de la propia economía,
de modo de reducir la dependencia frente a las fluctuaciones del
exterior.
-
Dinamizar
el mercado interno, dado que resulta indispensable para la construcción de una
demanda básica y para el cumplimiento de objetivos centrales del modelo, tales
como la generación de empleo, la distribución del ingreso, los niveles
salariales, la inversión pública, etc.
-
Fortalecer la
proyección exportadora del país. Es una oportunidad para nuestra inserción
regional y mundial, la promoción de un tipo de producción que, por su
especialización no requiera gran escala, nos permitiría superar la restricción
que el actual diseño tecnológico plantea para la industria moderna, basado en
escalas de producción que, por lo general, superan los límites de nuestro
aparato productivo.
Tenga un
crecimiento sostenible.
Para que esto sea posible aplicaremos políticas económicas que:
-
Propendan
a una armonía territorial y sectorial en el crecimiento, coherente con el
desarrollo de cadenas productivas y coherentes con la dimensión de las
empresas, incluyendo una política especial para la adecuada inserción de las
PYMES en el contexto de la economía.
-
Se
apoyen en factores de segura disponibilidad y en la generación de excedentes,
que una vez volcados a la inversión garanticen la continuidad y el mejoramiento
del proceso productivo.
-
Fomenten
una creciente productividad del trabajo.
Logre
una producción sustentable.
Dicha explotación de recursos deberá garantizar la sustentabilidad de los
mismos, por lo que la no depredación y el respeto al medio ambiente, son
consideradas premisas fundamentales.
Avance
hacia un país productivo y solidario, con distribución de la riqueza,
mecanismos de inclusión y participación social.
El gobierno del EP-FA promoverá que el proceso de agregación de valor se
realice con una simultánea distribución equitativa del ingreso generado. En
este marco, respetaremos y promoveremos las formas participativas de
organización de los ciudadanos, en especial la sindicalización y las diversas
formas asociativas que apunten a dichos fines, como el cooperativismo y en tal
sentido, consideraremos especialmente el factor integrador de las pequeñas
empresas y las expresiones de organización de la sociedad civil. En particular,
en un programa de desarrollo rural caracterizado por su carácter equitativo,
inclusivo y sustentable, se promoverá
a los sectores más carenciados del medio rural y se propenderá a la solución de
sus problemas estructurales, tanto como sus carencias más urgentes. Asimismo,
se promoverá la mayor articulación social y política con todos los actores
sociales de medio rural.
Otorgue
un rol activo y orientador del Estado.
Desarrollar al país en base a su potencialidad productiva y distribuir su
resultado con justicia social requiere un Estado activo, capaz de orientar ese
proceso. Está demostrado que el mercado, interferido por el poder, por sí sólo
no es buen asignador de recursos. La intervención del Estado, se basará en un
Plan de Desarrollo Económico surgido de los acuerdos entre todos los sectores
vinculados a la producción. A su vez, imprimiremos a esta intervención las
siguientes características:
-
Tendrá selectividad en
dicha asignación de recursos, buscando orientar la inversión hacia los sectores
considerados prioritarios, exigiendo a su vez las correspondientes
contrapartidas. Los criterios para determinar la selectividad deberán ser
claros, transparentes y de impacto económico y social. Al respecto, la creación
directa o indirecta de empleo, la generación o el ahorro de divisas, la
descentralización territorial, el impacto ambiental, el dinamismo tecnológico y
la capacidad para generar nuevos productos, son los principales criterios que
nos comprometemos a aplicar.
-
Considerará
todos los instrumentos de política económica, sin descalificaciones a priori,
tales como los subsidios, el crédito selectivo, controles al movimiento de
capitales, evaluando su aplicación o no en cada situación particular y en cada
coyuntura.
-
Buscará
fortalecer la infraestructura básica del país que oficia de soporte para la
competitividad de la producción nacional de bienes y servicios, en especial
para la actividad turística. En este sentido, será fundamental la inversión que
realicen las empresas públicas.
-
Se
propondrá fortalecer el nivel de la educación y de la investigación.
Comprometemos la puesta en práctica del Sistema Nacional de Innovación.
-
Elaborará
y aplicará políticas sectoriales, tales como política agropecuaria, industrial,
de turismo, entre otras. Articulará las políticas agropecuarias y el desarrollo
rural con un proceso de descentralización y desarrollo local.
-
Fomentará
la inversión privada en base a estímulos sujetos a los controles,
contrapartidas y seguimiento de resultados. Ello sin perjuicio de participar en
nuevos proyectos cuando el sector privado no tome riesgos en áreas promovibles
en función de su potencialidad productiva, así como comprometerá esfuerzos por
mantener actividades amenazadas por cierres o subutilización de recursos,
cuando exista una evaluación económica y/o social positiva. En estos casos, la
participación estatal podrá adquirir distintas modalidades, como empresas de
capital mixto, asociaciones con trabajadores, etc.
-
Intervendrá
mediante la política fiscal y de previsión social, en procura de una
distribución más equitativa del ingreso, hasta el límite marcado por las
restricciones no superables existentes en el entorno macroeconómico.
-
Velará
por el mantenimiento de los equilibrios macroeconómicos básicos, prevaleciendo
la condición de que el necesario logro de los equilibrios en el sector
financiero de la economía estará cimentado en el positivo desempeño del sector
productivo de la economía y no a la inversa.
-
En
las empresas públicas, en tanto tengan rol estratégico, las reformas
salvaguardarán el patrimonio y la gestión estatal y se tenderá a que las
tarifas se fijen teniendo en cuenta los costos globales de producción
eficiente, criterios de selección de productos y el interés social, evitando su
uso como impuesto encubierto.
Procese
una profunda reforma en el sistema financiero.
El sistema financiero adaptado al país productivo, deberá tener controles
especiales para que no esté al servicio de la especulación y la fuga de
capitales. Por el contrario, el desarrollo del mercado de capitales deberá
abrir espacio a un mayor grado de intermediación financiera con instrumentos
más variados y que puedan utilizarse para la adecuación de la conducta de las
instituciones y de los usuarios. Se promoverá una banca pública fuerte y
eficiente, capaz de desarrollarse en
diversas áreas (inversión, fomento, PYMES, etc.) que refuerce su carácter de
eje de la política crediticia. Se introducirán modificaciones en el marco
regulatorio tendientes a generar mayores niveles de confianza y equidad. Se
propenderá a un sistema bancario de dimensión adecuada a las escalas de
producción nacional y fundamentalmente volcado a la canalización del ahorro
hacia la inversión productiva. Se dará un tratamiento diferencial y preferente
a la banca minorista que atienda a las actividades productivas de menor escala
y a las radicadas en el interior del país.
En
ese contexto se promoverá el Fondo de Garantía de Depósitos, la adecuación de
la Tasa de Interés y el retorno al uso preponderante de la moneda nacional.
El
Secreto Bancario no deberá interponerse ante los requerimientos de información
de los organismos de contralor del Estado, los de la administración tributaria
y del Poder Judicial.
Los
Bancos Extranjeros que operen en el país con el nombre de su casa matriz,
además de ceñirse al marco regulatorio y a la supervisión, tendrán que tener el
respaldo patrimonial de aquellas.-
Procese
una profunda reforma en el sistema Tributario.
La
política tributaria deberá operar como un instrumento eficaz de recaudación y
simultáneamente con el objetivo extrafiscal de estimular la actividad
productiva del país y el empleo. Deberá atender las urgentes necesidades
sociales, desestimulando la rentabilidad proveniente de la especulación
financiera. La redistribución y el fortalecimiento del desarrollo de los
sectores productivos determinarán la presión fiscal, siendo acordes a la
cobertura y los servicios estatales.
Se
impulsará una reforma del sistema tributario que permita corregir la inequidad
en la carga tributaria de los contribuyentes. La misma incluirá el Impuesto a
la Renta de las Personas Físicas que simplifique el sistema de recaudación y
que respete la capacidad contributiva de los agentes económicos.
Nuestro
sistema tributario será progresivo, en una tendencia contraria a la que se ha
establecido hasta el momento, promoviendo que los contribuyentes de menores
recursos aporten menos en términos proporcionales, que los de mayores recursos.
Los
gravámenes diferenciales, los subsidios y las exoneraciones serán utilizados
como instrumentos al servicio de los objetivos de producción, redistribución
del ingreso y generación de empleo definidos en el marco de un presupuesto por
programa equilibrado en el mediano plazo, habilitando políticas contracíclicas.
Asimismo, la carga tributaria recaerá en mayor o menor grado sobre gastos o
sobre ingresos, atendiendo a dichos ciclos económicos.
Se
reformarán las administraciones fiscales y se adecuarán los instrumentos
necesarios para que el control sea eficaz y transparente.
Sea
conciente de que para un país productivo hará falta un MERCOSUR productivo.
A nuestro entender ello implica:
-
Concebirlo no sólo
como una integración comercial, sino como complementación económica, donde se
promueva la integración de las cadenas productivas y la máxima coordinación que
sea posible en las políticas macroeconómicas.
-
Reconstituir un clima
adecuado, en el que la mutua colaboración en beneficio de todos, prime sobre la
competencia de intereses particulares. Negociar condiciones acordes a nuestras
posibilidades de inserción, basadas en el respeto a nuestro derecho de agregar
valor a nuestras producciones de origen primario.
-
Aspirar a una
negociación conjunta de los temas que hacen a los objetivos o a la problemática
común, como son la integración con el Pacto Andino, posición sobre el ALCA, el
relacionamiento con la Unión Europea, así como el tema del endeudamiento
externo y eventuales controles sobre el movimiento de capitales.
Aborde
la Deuda Pública.
Conocido es que la crisis financiera provocada por la aplicación del modelo
neoliberal absorbió las reservas estatales y elevó la deuda en moneda
extranjera del sector público a más del 100% del PBI. Por lo tanto, la deuda
externa ha pasado a ser una restricción de primer orden, que el reciente canje
de títulos públicos no ha solucionado. El EP-FA encarará este problema con los
siguientes criterios:
La
administración de la deuda del sector público estará relacionada al
cumplimiento del objetivo principal de desarrollo económico y social.
El
relacionamiento con los organismos internacionales deberá basarse en principios
firmes de negociación, tanto en lo referente a la deuda que el país mantiene
con ellos, como con los acreedores privados. El gobierno progresista, sin
rehuir las obligaciones contraídas por el Estado, buscará solucionar el
problema de la carga de la deuda externa, sin allanarse ante imposiciones o
condicionamientos de los organismos internacionales.
Un
ajuste recesivo para pagar el servicio de la deuda, por la vía de aumentar los
impuestos o reducir el gasto socialmente necesario, sería equivalente a pagar
deuda a costa de más hambre, más desempleo, menos salud, menos educación, menos
vivienda digna para los uruguayos y uruguayas, generando más pobreza y
aumentando la conflictividad social.
La
inviabilidad de pagar con ajuste o sacrificando el crecimiento futuro de la
economía, es advertida por los propios acreedores, que tienden a entender que
sólo podrán cobrar si al país le va bien. La confianza que restablecería el
crédito externo debe generarse a partir del sinceramiento de las situaciones,
nunca de su ocultamiento.
No
se trata solamente del problema del crecimiento global de la economía, sino de
cómo se crece y para quién se crece.
El
gobierno uruguayo deberá sumar sus esfuerzos con los gobiernos de países,
especialmente de América Latina, que enfrenten problemas similares respecto a
su deuda externa, para intentar su solución en el marco los principios antes
establecidos.
Desarrolle
políticas en ciencia y tecnología e innovación
En el mundo actual, la producción de conocimientos y su incorporación a la vida
social se ha convertido en el factor central para el desarrollo social. La
existencia de una potente política para el desarrollo de la Ciencia, la
Tecnología y la Innovación es uno de los principales componentes del ineludible
giro político y social que deberá emprender el Uruguay. En este marco resulta
decisivo desarrollar un plan estratégico que convierta a la innovación en un
elemento dinamizador e integrador en nuestra sociedad.
El
programa progresista que aplicaremos en esta materia contendrá medidas que
faciliten el crecimiento de la producción nacional de bienes y servicios con
alto grado de conocimiento, es decir productos en los que un factor principal
de destaque sea el saber hacerlos.
El
objetivo no debe ser sólo el aumento de la producción comercializable. La
aplicación del conocimiento a la mejora de las condiciones de vida de la gente
constituye una absoluta prioridad. En relación con las estrategias, impulsamos
la construcción de un Sistema Nacional de Innovación (SNI) donde la Universidad
de la República tenga un rol central y protagónico. Como acciones básicas del
SNI proponemos fomentar la investigación científica y el desarrollo
tecnológico, estimular los circuitos innovativos, el aprendizaje mutuo, las
interacciones entre generadores y usuarios de conocimientos, para la resolución
de problemas de la producción y la sociedad.
Este
programa será un soporte fundamental, sobre todo para la actividad de los
complejos agroindustriales, la pesca y las industrias extractivas de base
mineral.
La
incorporación de valor y de nuevas tecnologías, fundamentalmente
biotecnológicas, resulta muy importante para el desarrollo de estos complejos,
con particular atención al fortalecimiento e integración de las PYMEs, y las
empresas familiares agropecuarias.
También
es necesario diversificar la matriz energética, desarrollando un margen
importante de autonomía en el marco de la complementación regional y
fortaleciendo los objetivos sociales de acceso universal y tarifas
diferenciales.
Las
perspectivas de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) en el
Uruguay son muy prometedoras en el marco de un Plan Estratégico.
Desde
este punto de vista resulta clave la Innovación y Desarrollo en las
telecomunicaciones, así como también los desarrollos en biomedicina y otras
investigaciones y tecnologías vinculadas con la salud, la industria
farmacéutica y sectores relacionados.
La
aplicación de recursos presupuestales a este fin gozará de especial
preferencia. Las intendencias y los
entes autónomos deben realizar inversiones en este rubro. El incremento de los
fondos también deberá originarse en un crecimiento significativo de la
inversión privada en Innovación y Desarrollo (I+D) para lo cual deben existir
estímulos estatales.
Asimismo,
pueden cumplir un importante papel en el financiamiento la banca pública de
fomento y la banca cooperativa.
c.
POLITICAS SOCIALES
La
política social del gobierno progresista, implementada a través del Estado
democráticamente articulado con
toda la Sociedad y comprometido a garantizar la cobertura de las necesidades
básicas para toda la población y a la creación de condiciones que permitan el
pleno desarrollo de la persona humana, se basa en las siguientes orientaciones
principales: justicia social, mejor calidad de vida, trabajo digno, equidad e
inclusión, distribución solidaria, integralidad, participación y
descentralización, salud para todos, educación para el desarrollo y la cultura
ciudadana, seguridad social integral y vivienda popular.
Ø
Justicia
Social
Las
profundas desigualdades sociales existentes,
que se han agravado debido a las
políticas implementadas por los gobiernos de las sucesivas coaliciones
blanqui-coloradas que hemos
venido soportando, constituyen sin ninguna duda una injusticia
intolerable y el mayor problema de nuestra sociedad
por lo que reclaman absoluta prioridad.
Esas